Escucha la canción del bardo

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domingo, 8 de junio de 2008

El Samurai Ciego

La suave brisa de primavera acaricia su rostro con el aroma del cerezo en flor y acerca hasta sus oídos el murmullo del arroyo cercano, el trinar de los pequeños pájaros del bosque, el continuo golpeteo del incansable pico del pájaro carpintero contra la madera. Más cerca, los gritos de alegría de los niños de la aldea le recuerdan el inexorable paso del tiempo y de la vida, esa vida que él, lo sabe, está a punto de abandonar, quedamente, como una rojiza hoja se desprende de la rama en otoño.
Sonríe. El calor del sol es agradable, la tibieza calienta su anciano corazón y sus delgados miembros a través del kimono, antaño tan fuertes y ágiles.
Mueve su mano derecha con la certeza de encontrar lo que busca: aunque no la ve, es capaz de sentirla, como si de una extensión de su propio cuerpo se tratara, como si el filo estuviera habitado por un espíritu guerrero que le susurrara a sus oídos. Al rodear la dura funda de su espada con sus nudosos dedos, le llegan a la mente innumerables recuerdos: escenas de duelos y batallas, cruce de espadas en un claro de bosque cubierto de nieve, hermosas damas y amores imposibles. Días de gloria pero también de desesperación y derrota, de interminables huidas a caballo con la certeza de la muerte en los furiosos ojos de sus perseguidores, de travesías solitarias a través de parajes desolados, sin agua, sin sustento, sólo con la compañía de su fiel espada al cinto.


Qué absurdas parecen ahora esas preocupaciones, cuando el paso del tiempo ha borrado de la memoria los nombres de los grandes señores y se ha llevado, como el viento se lleva la arena, la belleza que perdió a tantos hombres.
El día pasa, el ocaso llega y permanece sentado, las rodillas flexionadas al pie de la pétrea escalinata del templo de la colina. Sus ojos vacíos miran hacia el infinito fijos en fantasmas del pasado. Con movimientos lentos, pausados, estudiados, enfunda su espada al cinto y alarga su delgada mano hacia el cayado que reposa a su lado. Apoyándose en él, se levanta con esfuerzo y, valiéndose de la vara como guía de sus lentos y pequeños pasos, reemprende su camino, nadie sabe a dónde, ni siquiera él. Pronto, el anciano samurai ciego sólo es una figura que se confunde en las sombras del bosque nocturno.

sábado, 24 de mayo de 2008

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Después de 19 años de espera, se ha estrenado la última película de Indiana Jones, una de las sagas que caracterizaron la cultura popular de los años '80 y que redefinieron el cine de entretenimiento y aventuras.

Personalmente, recuerdo los buenos momentos pasados ante el televisor (ya que, como la mayoría de los nacidos a pricipios de la década ochentera, me perdí su estreno en los cines) viendo cómo Indi se liaba a puñetazos con un enorme soldado alemán mientras la hélice de un avión amenazaba con reducirlo a trocitos de arqueólogo; cómo recorría en una vagoneta unas misteriosas e interminables minas; o cómo intentaba rescatar a su padre de los nazis enfrentádose a media compañía de soldados y un enorme tanque erizado de cañones armado sólo con un revólver y su inseparable látigo. Spielberg y Lucas habían conseguido crear un icono (tanto cinematográfico como comercial, no hay que olvidar que estamos hablando del todopoderoso Lucas, amo del "merchandaising").
Siempre desde mi inexperto punto de vista (el de alguien que se ha criado disfrutando con las anteriores películas) la nueva de Indiana Jones tiene muchas cosas buenas y pocas cosas malas (pocas, pero gordas). No voy a hacer aquí una extensa crítica, detallando escena por escena, cosa que por otra parte me parece inútil, ya que lo que a mi me ha podido parecer mal o bien, a otro puede parecerle todo lo contrario (para gustos, colores). Sólo decir que al salir de la película tenía una sensación extraña, confusa: había visto el Indiana Jones de siempre (a pesar de que los años no perdonan) pero algo no terminaba de convencerme. ¿Puede ser que Spielberg se esté haciendo viejo? ¿que a George Lucas se le esté yendo la olla? ¿Que el guionista se hiciera un lío a la hora de terminar el guión? Puede que sea todo esto o que simplemente, no se haya acertado en uno de los propósitos principales que tenía esta película, que era el intento de conectar con la juventud de hoy, criada con videojuegos y superefectos especiales. Quizás acercar a las nuevas generaciones nacidas después de 1990 un héroe cinematográfico de los '80, el intento de mantener la esencia de la trilogía original, pero incluyendo efectos y recursos modernos que puedan atraer al cine a adolescentes de hoy en día resultó un reto demasiado grande para los realizadores.
En resumen, una muy buena y entretenida película de acción, con un Harrison Ford que vuelve a llenar la pantalla (siepre será Indiana). Algunas idas de olla (que se perdonan), algunas idas de olla (que cuesta más trabajo perdonar) y un final espectacular (aunque bastante alejado de lo que representaba Indiana Jones).